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Consultorio Familia: El comportamiento

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Comportamiento hijos
Comportamiento hijos

Quizá alguna vez nos hemos preguntado cómo aprenden los niños, o cómo podemos conseguir los padres que se comporten adecuadamente.
Existen múltiples modelos y teorias sobre la enseñaza-aprendizaje. Para ayudar a los padres en la ardua tarea de educar vamos a centrarnos en tres modelos básicos que explican la conducta de nuestros hijos: aprendizaje por imitación, aprendizaje por refuerzo y efecto Pigmalión.

Del aprendizaje por observación, o imitación, hay poco que decir, el niño desde la primera infancia imita el comportamiento que ve en los adultos. Muchas veces observamos cómo al jugar hace representaciones en las que nos vemos reflejados. En los primeros años los padres y educadores serán los modelos básicos a imitar, pasando a ser en la adolescencia el grupo de iguales el que marque la pauta comportamental.

Las técnicas de aprendizaje por refuerzo se basan en que cualquier conducta, si es seguida de algo positivo, tiende a repetirse (refuerzo positivo). Por el contrario, si una conducta es seguida de algo negativo, ha de tender a desaparecer (castigo). De todos es sabido que los refuerzos positivos dan mejores resultados y son mas recomendables que los castigos, además dentro de éstos últimos, han de quedar desterrados los castigos físicos.

En los primeros años de edad, los padres y educadores serán modelos básicos a imitar

En caso de que debamos utilizar el castigo, la técnica más deseable es la llamada “tiempo fuera” que consiste en retirar al niño físicamente del espacio actual, llevándole a otro lugar (una habitación, por ejemplo) y dejandole allí durante un breve espacio de tiempo, explicándole que lo que ha hecho no está bien, lo que además nos servirá también a nosotros para calmar nuestro nerviosismo.
El refuerzo positivo, es sin duda, la mejor herramienta de la que disponemos los padres para que nuestros hijos sigan las pautas de conducta que les marcamos. En cuanto al tipo de refuerzos o premios, debemos saber que son más eficaces  los de tipo social (alabanzas verbales, prestarle atención, jugar con él, etc.) que los materiales. También debemos tener en cuenta la edad del niño y sus características, ya que al variar las motivaciones, lo que con unos “funciona” puede no funcionar con otros.
Premiar con puntos canjeables por algo que al niño le guste es algo que se debe usar con niños mayores. Sin embargo, en en la primera infancia, se recomienda utilizar la atención como refuerzo principal.

Cuando el niño ha hecho algo positivo, como por ejemplo hacer pis en el orinal, debemos elogiarle, felicitarle y prestarle toda nuestra atención. Cuando por el contrario está haciendo algo inapropiado, lo mejor es ignorarle, retirarle toda nuestra atención, ya que ignorar un comportamiento es castigarlo. Se trata de que, ante las manifestaciones de gritos, rabietas u otros, dejemos automáticamente de prestar atención al niño. Este modo de actuar se justifica bajo la hipótesis de que el niño efectúa tales manifestaciones para reivindicar ciertas demandas o llamar la atención del adulto.

Muchos niños prefieren ser castigados ó reprendidos antes de ser ignorados. Debemos ser conscientes de que nuestro arma mas potente es  la atención y su poder reforzador.

Cuando el niño hace algo que es inapropiado, actuaremos retirandole nuestra atención

 El efecto Pigmalión puede resumirse en que el comportamiento del niño responde a las expectativas que nosotros depositamos en él. Rosenthal demostró cómo las expectativas de un investigador influían en el comportamiento de los sujetos estudiados.

En su demostración se tomó un test de inteligencia de sujetos elegidos al azar y se informó a los profesores que estos eran sumamente inteligentes. Estos niños superaron al final de curso el rendimiento de sus compañeros debido a que el profesor los consideró inteligentes, y ellos también se lo creyeron, con lo que fueron más inteligentes. Lo que los demás esperan de uno, puede desencadenar un conjunto de acciones que nos lleven mucho más allá de lo que podemos imaginar, en lo mejor y en lo peor.

Lo que creemos es lo que creamos.

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