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Costilla de cerdo, patatas y maíz asados con guarnición de “coleslaw”

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coleslaw y costillas con miel
coleslaw y costillas con miel

Ya ha llegado el buen tiempo y con él las comidas desenfadadas, barbacoas, ensaladas… Pues bien, para esta ocasión os traigo un plato que en realidad son varios. No defrauda nunca y se puede disfrutar a “pachas” con personas vegetarianas. Aunque he de advertiros; es un plato muy contundente y está más que recomendado un buen paseo para compensar.

Esta receta se popularizó en nuestro país gracias al cine americano y a la influencia de las bases americanas en nuestro país. Tiene ingredientes que son muy nuestros, pero también muy suyos. Pero la realidad es que en lo concerniente a esta receta, los EEUU se han nutrido gastronómica y culturalmente gracias a la influencia de toda la inmigración procedente de Europa.

Los ingredientes para seis personas serían aproximadamente estos:

  • 2 tiras de costilla de cerdo, pero ojo, a ser posible de carnicería de barrio, donde no le quitan la carne a las costillas. Es importante que tengan toda su capa cárnica y liberarlas del exceso de grasa. No han de quedar como las que sirven en las franquicias americanas, que solo es palo.
  • Miel, sal y pimienta (podéis sustituir la miel por especias, o salsa barbacoa)6 patatas medianas
  • 3 mazorcas de maíz (de las que venden de dos en dos envasadas al vacío ya cocidas)
  • Mantequilla
  • Aceite de oliva

Poned el horno a precalentar a 180º

Coged las costillas y embadurnarlas por todos los lados con aceite de oliva –no mucho- y salpimentamos. Las colocamos en una bandeja de horno y las ponemos a 150º durante 1 hora. Con esta operación conseguimos ablandar la carne.

Justo después, hacemos unos cuadrados de papel de aluminio ligeramente engrasado con aceite de olive, donde encerraremos en cada uno de ellos las patatas bien lavadas y pinchadas pero con su piel y las mazorcas de maíz.
Metemos con las costillas en una bandeja en la parte baja del horno.

Ahora nos ponemos con la Coleslaw, que no es otra cosa que una ensalada de col, cuyo probable origen está entre  los comerciantes holandeses que iban a Gran Bretaña y fue allí donde se popularizó y saltó a EE.UU.

  •  1 col pequeña (sin tallo, ni nervios gruesos)
  • 1 zanahoria
  • 1 manzana Golden
  • 1 cucharada sopera de mayonesa (de bote y no corréis riesgos)
  • 1 cebolleta grande
  • 1/2 cucharada sopera de azúcar
  •  ¾ de un tarro de nata ácida (crème fraîche, la podéis encontrar en Hipercor)
  • 1 cucharada sopera de mostaza suave
  • Un poco de vinagre blanco, sal y pimienta negra.

Liberamos la col de su tronco y de los nervios más gruesos y la cortamos en juliana fina. Procedemos del mismo modo con la zanahoria, la manzana y la cebolla. Han de quedar tiras más o menos todas del mismo tamaño. Con la manzana habréis de tener cuidado de hacerlo muy rápido y en el último momento para evitar que se oxide.

Preparamos la salsa: juntamos la mostaza, mayonesa, vinagre, sal, azúcar y pimienta y batimos ligeramente con una varilla. Incorporamos la crema fresca y unificamos el conjunto.

Y ahora viene el mágico momento de mezclar bien todos los ingredientes. La filmamos y la guardamos en la nevera, para servir fresquita.

Y después de hacer la ensalada y tomar una copa de vino con una tapita, el pitido del horno nos recuerda que el tiempo de las costillas ha llegado.
Notaréis que han soltado bastante jugo. Yo suelo rescatarlo y lo reduzco a fuego vivo junto con la miel, que no he puesto proporción porque va en gustos. Probad un esquinita de carne por si hubiera que rectificar la sazón.

Las mazorcas las podemos sacar ya, pero a las patatas habrá que dejarlas hasta que al tacto, estén blandas.

Ponemos el horno a 200º con la parte de arriba y si tenéis un horno que lo permita, pues grill y ventilador. Una vez reducidos los jugos y la miel, vamos a pincelar por todos lados las costillas y las metemos en el horno.
Tendremos que estar atentos, porque habremos de pincelar la miel y jugos varias veces, hasta que veamos como nuestra carne torna a un color dorado apetitoso.
Una vez terminados todos estos procesos, cortamos las costillas en porciones y servimos todo junto.

Ya me contaréis.

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