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Demócratas de salón

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Democracia Mafalda

Estamos en la era de la democracia. Estamos rodeados de “profundos demócratas” que se llenan la boca defendiendo la legitimidad de las urnas y la “libertad” de voto y de pensamiento. Asistimos, perplejos, a lecciones constantes de sabiduría política que tratan de vendernos que este sistema, aunque imperfecto, funciona, y que el Estado Democrático todo lo sabe y todo lo puede.

Los mismos que dicen estar legitimados por los ciudadanos para gobernar reniegan de ellos cuando éstos se manifiestan en las calles por desacuerdos con su gestión. “La inmensa mayoría son los que se quedan en casa sin protestar” dice un presidente (Mariano Rajoy), “no necesitamos que los enemigos de las libertades tomen las calles” dice un vice-consejero regional (Salvador Victoria), o “soy un demócrata” aunque practique la censura revisando los pregones de las fiestas de los barrios y utilice a la policía local para impedir que se expresen las murgas en los carnavales y los colectivos anti-desahucios en sus concentraciones (Juan Soler).

Estamos rodeados de democracia por todos los sitios. Esa nueva democracia que te obliga a entrar en un colegio electoral y depositar tu voto mientras el que tapa la urna te devuelve el DNI y la mordaza para que te calles durante cuatro años. A muchos hay que recordarles que la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo, y esas decisiones se toman cada día, no solo el día del voto.

Todas las medidas que afectan al desarrollo futuro de una ciudad requieren de una mayoría de las fuerzas políticas del municipio, pero también deberían incluir el consenso de los colectivos, asociaciones y ciudadanos en general. En Getafe, el nuevo ejecutivo ha cercenado la participación de la ciudadanía negándose a poner en marcha los Consejos de Barrio, eliminando los Presupuestos Participativos, los Consejos Sectoriales y el Consejo de Ciudad. La mayor parte de las decisiones se toman en Juntas de Gobierno de cinco personas impidiendo que se discutan en el Pleno ¡Los ciudadanos no se enteran de lo que se hace ni de por qué se hace!

Corremos el riesgo de convertir el término “Participación Ciudadana” en una estadística de voto en comicios electorales, olvidando que su verdadero significado es que “el pueblo participe en su propio gobierno”. Hemos escuchado en alguna ocasión “eliminamos la participación ciudadana por que no la llevo en mi programa electoral”. Si nos ponemos así, seguro que tampoco estaba la Democracia en el programa, y esperemos que no se haya legitimado a nadie para eliminarla.

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