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Hasta siempre, Botica

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Juan Carlos de Vega, el botica

Juan Carlos de Vega, “el botica” se ha marchado dejándonos un hondo vacío a todos aquellos que le conocíamos, pero a la vez un gran recuerdo; el que solo dejan aquellas personas de las que al hablar de ellas, o al traerlas a la mente, un relámpago de cariño te sacude todo el cuerpo. De punta a punta.

Juan Carlos tenía una personalidad tranquila y un trato educado y afable. Nunca escatimó una sonrisa y siempre estuvo colaborador, dispuesto a ayudar a quien lo necesitara, en las múltiples veces que hablé con él cuando acudí a la farmacia de El Bercial donde desarrollaba su labor profesional. De su boca recuerdo que las palabras salían como cosidas con seda, hilvanadas entre sus labios y armadas con la razón del peso de los años, de los miles de kilómetros que tenía acumulados en sus piernas, ya sea a través de rutas por bosques, veredas o montañas, como montado en una bici. La montaña era su pasión. Lo sé, porque notaba el deleite con el que recordaba sus andanzas por los Alpes, por esas montañas nevadas a las que pocos mortales tenemos acceso, porque para subirlas, no solo hay que tener preparación física, sino amor y devoción por un deporte que solo pueden explicar aquellos que lo sienten correr por sus venas. Y así, entre medicamento genérico, tetinas para el biberón de mi hija y tiritas, comenzamos a forjar una pequeña amistad que condujo a yo le ofreciera colaborar con esta revista, publicando en la web las rutas cicilistas que, con tanto mimo, preparaba cada semana para disfrute de todos aquellos que quisieran poder tener la oportunidad de disfrutar de la naturaleza como él hacía. De esa forma, aún recuerdo el primer correo suyo, destinado a Robert “El dueño del Bercial”, en el que generosamente nos enviaba la ruta y el permiso para poder publicarla, altruistamente, para que quien quisiera la pudiera poner en práctica. Así era Juan Carlos, generoso, dedicado, meticuloso, constante, infatigable…

Un accidente fatídico nos ha privado de poder disfrutar de ti, de aprender contigo, de compartir el esfuerzo de superar los límites que nos impone la vida sedentaria y que tú, con tu simpatía, nos invitabas a dejar de lado para volver a sentirnos libres allí donde no existían las prisas, ni los atascos… sino espacios donde los minutos se paran cayendo lentos como losas para sentir el aire limpio en la cara, la humedad de la hierba, el rumor del agua corriendo por su cauce y la brisa acariciar nuestra piel. Solo encuentro un consuelo, que es el que frena que al recordarte, las lágrimas afloren de mis ojos, y es que nos dejaste haciendo lo que más te gustaba, lo que entre otras muchas cosas te convertía en la persona tan maravillosa que eras, lo que te movía y te pedía cada poro de tu piel, cada célula de tu cuerpo, cada pensamiento de tu mente.

Juan Carlos de Vega, Gerardo Javier Martín Antón y Nuria García-Valcárcel Muñoz-Repiso sufrieron un accidente mientras escalaban el Almanzor, un pico en la sierra de Gredos de más de 2.500 metros de altitud, a pocos metros de conquistar la cumbre, según parece por el derretimiento de la nieve que pisaban.

Hasta siempre, Botica. Allá donde quiera que estés, espero que haya altas montañas y valles que tengan el honor de sentir tus pisadas.

Roberto Carlos Benítez, editor de la revista ElBercial.com
@rcbenitez

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