Principal Opinion Cartas al director Adiós Soler, adiós

Adiós Soler, adiós

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4 horas tuvieron la culpa. Ese fue el tiempo que trascurrió desde que Juan Soler anunciara su candidatura a revalidar su liderazgo dentro del Partido Popular de Getafe hasta que, “sorpresivamente”, decidió apartarse de esa carrera en beneficio de uno de sus colaboradores de confianza, Rubén Maireles. ¿Qué pasó en esas cuatro horas?, seguramente no lo sepamos nunca, pero sí podemos suponer que sucedió algo con la suficiente enjundia como para que Soler acatara las órdenes de alguien y decidiera irse de la política de Getafe, una ciudad a la que nunca quiso, en la que nunca vivió, y que, sin duda alguna, le quedó muy grande.

Sin embargo, la retirada de Juan Soler no aguanta un análisis puramente orgánico del Partido Popular de Getafe. La caída de Soler tiene mucho que ver con la presión vecinal de los getafenses, en los que encontró una resistencia numantina de algunos colectivos y asociaciones que le presentaron batalla ante el cúmulo de despropósitos, la arrogancia de su gestión y la sospecha permanente de presuntos casos de corrupción que le rodearon.

Los proyectos “estrella” de Juan Soler: el Teatro de la Calle Madrid, la Ciudad del Pádel en El Bercial o el proyecto de construcción del Polideportivo de San Isidro, acabaron estrellados por la fiscalización, no de los partidos de la oposición, sino de la de los vecinos y vecinas que colectivamente denunciaron las irregularidades y aberraciones que se cometieron en todos ellos, y que son candidatas a convertirse en presuntos delitos penales, cosa que ahora mismo se dilucida en los juzgados.

Una lucha desigual y sin cuartel en la que Juan Soler intentó doblar el brazo de los vecinos con las peores maneras posibles cuando, por ejemplo, afirmó en un Pleno municipal que en las calles de Getafe nadie podía celebrar una fiesta si no la organizaba su equipo de Gobierno “porque los vecinos organizaban chapuzas”. Bien claro quedó este tema cuando la Asociación vecinal NUBER y Teatro Destellos celebraron el FITEC en el barrio de El Bercial, contra todos los elementos, mientras el Gobierno de Soler ordenaba rodear a 300 niños, que veían guiñoles y disfrutaban del teatro de calle, con vehículos de Policía Nacional y varias patrullas de la Policía Local, intentando impedir que el evento se celebrara. Las calles de los getafenses son de los getafenses y eso lo aprendió Juan Soler aquel día de la peor manera posible.

Sin embargo, la mayor causa de su caída ha sido el Caso Teatro destapado por la denuncia de Roberto Benítez, un vecino de Getafe, que ha sacudido los cimientos del grupo municipal del PP con el resultado de cinco concejales de los nueve que actualmente tiene el PP investigados (imputados) por diversos hechos que ya están en manos de los juzgados. Con este panorama y la sombra de su posible imputación, las opciones de Soler se han visto mermadas para construir un equipo de confianza dentro del PP de Getafe. Solo en Maireles parece que ha podido encontrar una cierta tranquilidad, por no tener sobre su cabeza el riesgo de una imputación judicial, aunque algunos correos incautados por la policía puedan, presuntamente, confirmar su conocimiento de diversos hechos investigados.

Soler, casi desde el mismo momento de su llegada a la alcaldía, estuvo en entredicho, generando polémica allá donde aparecía. Algunas llegaron incluso a aparecer en los medios nacionales, como sus viajes a París pagados, presuntamente, por Cofely, una de las empresas de la red Púnica, sus constantes gastos desorbitados en dietas hasta sumar más de 50.000 euros en comidas y cenas, sus viajes en taxis, abonados también desde las arcas públicas, conversaciones con asesores, las multas de tráfico de sus escoltas, la presunta contratación de un espía con dinero público, colocación de los hijos de sus amigos, o la incautación de un teléfono, por la fuerza, a uno de los que fuera su mano derecha en el Ayuntamiento de Getafe, o los expedientes perdidos en GISA. Las polémicas se sucedían, así como los gastos y los caprichos que, sumados a la aparición de presuntas tramas de corrupción, demostraron a todos los vecinos y vecinas de Getafe que Juan Soler no vino a servir a Getafe, sino a servirse de Getafe.

La huella de Juan Soler en la ciudad se difuminará en el tiempo, esperando que llegue a ser un vago recuerdo.

Adiós, señor Soler. Adiós.

Francisco Javier Semans

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